Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento: Colosenses
ISBN-10: 8-4826-7902-3
ISBN-13: 9788482679020
Editorial: Editorial Clie
Año: 2015
Tamaño: 16 cm x 23,5 cm
Paginas: 416
Cantidad:

Precio: $ 2.925

Descripcion:

Dice al respecto José Mª de Rus, pastor y profesor de homilética:

«¿Por qué la carta a los colosenses es tan pertinente hoy? ¿Qué hay en común entre aquella sociedad y aquella iglesia y la Iglesia del siglo XXI? ¿Cómo tender ese puente entre dos mundos?

En la iglesia de Colosas se estaba introduciendo una ideología basada en argumentaciones filosóficas (sofismas, 2:4) que presuponían explicar la persona Divino-humana de Jesús con razonamientos basados meramente en sabiduría humana y por medio de sutiles engaños, propios del movimiento gnosticista de la época, que incluida gradaciones en el conocimiento, emanaciones desde la Deidad de ciertos seres angelicales clasificados en castas… A este movimiento se opone Pablo en Colosenses, reiterando una y otra vez que la verdadera sabiduría (sofía) y el verdadero conocimiento (epignosis) se encuentran en Cristo (2:3). Como se dará´ cuenta el lector de este comentario, el análisis de estos términos nos acerca a un modo de vida sabio: aquel que conoce a Cristo y que vive a Cristo (2:6). He aquí´ entonces la sabiduría cristiana: vivir a Cristo. De ahí´ que repetidas veces Pablo les exhorte a hacer las cosas “como el Señor”. Así´, sofía es “el ejercicio sabio de la inteligencia” y, como en otro lugar dice: “Toda la ética cristiana depende del conocimiento pleno de la voluntad divina”.

Pero la verdadera sabiduría no es solo el argumento central de Pablo en esta carta. La suficiencia de Cristo para la salvación y la santificación se palpa en cada rincón de la epístola. Hubo -y los hay aún en nuestro tiempo- quienes abierta o veladamente quieren complementar, por no decir perfeccionar, la obra de Cristo, imponiendo criterios y condiciones humanas para salvarse y santificarse. La Iglesia ha afirmado con rotundidad meridiana y basada en las Escrituras la salvación por gracia; pero la santificación debe ser -dicen ellos- cumpliendo un catálogo caprichoso de normas que perfeccionen la vida cristiana: no comer esto, no beber lo otro, guardar esta fiesta (2:16)… ¡pesadas cargas que ni nuestros padres pudieron llevar! (Hch. 15:10). Y quienes hemos escuchado predicar a Samuel, sabemos lo enérgico que es cuando de enfrentar esta falsedad se trata. Una falsedad que agota espiritualmente a los creyentes; que pone el énfasis de la vida cristiana en el esfuerzo carnal en vez de en la obra del Espíritu, reproduciendo la vida de Cristo en nuestra vida. Es una falsedad porque niega la perfección de la obra de Cristo, quien muere, resucita, asciende y se sienta a la diestra de Dios (3:1, 2), afirmando a fin de cuentas que a esta obra perfecta le faltaba algo. ¡No extraña que Pablo use constantemente términos como plenitud, plenamente, todo, enteramente, completos…! Cristo es suficiente para la vida cristiana. Quienes le conocemos sabemos que la relectura del Nuevo Testamento para hacer esta serie de comentarios le ha valido para experimentar una vez más el sentido de la vida cristiana: Cristo, en su plenitud y suficiencia.

En el comentario a 1:6, también se refiere al relativismo como el sistema de pensamiento que divide la verdad fragmentándola en unidades de medida que no son completas porque cada una deja de ser verdad absoluta. Nos tememos que en muchos púlpitos se está instalando un relativismo que pretende minar la verdad absoluta de la Escritura, con la consecuente falta de profundidad en la vida de los creyentes. Y esta falta de profundidad se debe, por tanto, en gran medida a la falta de conocimiento de las propias Escrituras (Is. 5.13 y Pr. 19.2) y de la maravillosa persona de Jesús, que nos ha sido hecho sabiduría de Dios (1 Co. 1:30). A mentes livianas le corresponden vidas livianas. En una conversación reciente con el autor nos lamentábamos -con razón o no- de que ya queden pocos pensadores cristianos españoles, quienes fundamentados en el conocimiento de la Escritura e impulsados por el Espíritu, impacten a los creyentes con la Palabra de Dios y los exhorten en el Nombre de Cristo a vivir vidas profunda y consecuentemente cristianas. Mentes cristianas pensantes y vidas cristianas piadosas ¡qué falta nos hacen!

Finalmente, a diferencia de otros comentarios, en esta obra encontramos que las argumentaciones exegéticas obedecen más a un análisis gramático-histórico-literal que a ese raciocinio relativista de moda. Y es así´ porque se ha educado bíblico-teológicamente con quienes sabían lo que decían en cuanto a la Escritura y de ella. Es este, pues, un comentario netamente exegético y no eisegético: la argumentación se extrae del texto bíblico y no al contrario. La fluidez del argumento de la carta se ve respetada en el comentario, de modo que no se pierda la idea exegética principal. Y este rigor académico— decíamos antes— impide que la aplicación pastoral quede relegada a un segundo plano.

Cuando uno estudia la Escritura tiene que tomar aquella actitud de los de la ciudad de Berea: ser de mente más abierta, tener buena disposición y examinar cada día las Escrituras para ver si estas cosas son así´ (Hech. 17.11).

Asi´ que no me queda otra que recomendar con todo el corazón este comentario (y toda la serie) a aquellos que deseen profundizar en el estudio bíblico y a aquellos que quieran conocer más de la plenitud y perfección de la obra de Cristo. Hay libros que valen más de lo que cuestan. Este es uno de esos. Léelo, estudia la Escritura y disfruta de tu plenitud en Cristo. Él es suficiente para ti.

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